Como el lobo de caperucita que acecha sigilosamente en el bosque, el prostituyente se esconde en la calle. No hay mejor manera de esconder a un prostituyente que entre miles de otros prostituyentes.
Los prostituyentes circulan en masa por Buenos Aires y otras ciudades y pueblos y pueblitos del país, entre una lluvia de volantes y afiches publicitarios ofreciendo el intercambio de cuerpos de mujeres por dinero masculino. Naturalizar la violencia es la forma más efectiva de esconderla, de invisibilizarla, de taparla.
Pero la conducta típica de un prostituyente deja marcas concretas sobre la salud de las mujeres. Y aunque nadie quiere hablar sobre el cuerpo y la salud mental de las mujeres explotadas sexualmente, existen relatos, testimonios y algunos datos disponibles que sirven para desnaturalizar la violencia del prostituyente, visibilizando así las conductas violentas y el dolor de las víctimas.
En un estudio* sobre 854 mujeres víctimas de prostitución en 9 países de 4 continentes se encontró que la prostitución es multi-traumática:
- 71% fueron víctimas de violencia física;
- 63% fueron violadas;
- 89 % dijo que quieren escapar de la prostitución, pero que no tienen otra opción para sobrevivir;
- 75 % no tiene acceso a una vivienda;
- 68% mostró síntomas de desorden de estrés post-traumático.
El desorden de estrés post-traumático (DSPT) puede resultar cuando las personas experimentan situaciones traumáticas externas, asociadas a la posibilidad concreta o frente a las amenazas de muerte o lesiones graves contra uno mismo, o por ser testigo de este peligro extremo contra otra persona.
Según el mismo estudio, la mayoría de las veces la prostitución expone a las mujeres a estas situaciones traumáticas, siendo esta violencia intrínseca a la prostitución. El 68% de las mujeres entrevistadas sufrían de DSPT con un grado de severidad comparable a las víctimas de 1) violaciones, 2) veteranos de guerra y 3) víctimas de tortura de estado.
Este es un mensaje para el lobo-prostituyente o potencialmente prostituyente. La prostitución genera lesiones visibles sobre los cuerpos de las mujeres e invisibles sobre su salud mental. La prostitución en la mayoría de los casos, según el relato de las propias víctimas, no es un trabajo como les gusta fantasear a los varones, sino que se parece más a la experiencia de ir a la guerra; de ser violadas sistemáticamente; o de ser torturadas por el propio Estado.
Te pregunto a vos, varón prostituyente: ¿Aceptarías un trabajo que promete como principales beneficios: dolor, estrés, violencia, enfermedades de TS, miedo, soledad, y una probabilidad muy alta de morir?
* Ann Cotton, Melissa Farley, Jacqueline Lynne, et al, “Prostitution and Trafficking in Nine Countries: An Update on Violence and Posttraumatic Stress Disorder” (2003) 2(3/4) Journal of Trauma Practice 33 at 35, online: Prostitution Research and Education http://www.prostitutionresearch.com/pdf/Prostitutionin9Countries.pdf
