lunes, 11 de mayo de 2009

¿DE QUÉ ESTÁ HECHO EL TECHO DE CRISTAL?

Según el sentido común  el  techo de cristal estaría  hecho de ladrillos del mismo material, por lo tanto transparentes e    invisibles, o sea cristalinos. Esta  invisibilidad lo convierte en uno de los principales obstáculos que enfrentan las mujeres para  avanzar en sus metas laborales. Y si es invisible es porque se sostiene en base a  normas, códigos  y reglas informales, no escritas y para nada oficiales.

Sin embargo, la experiencia cotidiana de   mujeres y varones demuestra que el techo de cristal está hecho de un material diferente, compuesto de  conductas y actitudes  masculinas, tan concretas como  observables.

La pregunta que me gustaría plantearme acá como varón y reflexionar   con otros varones es sobre la forma y la cantidad de  material que cada uno de nosotros aporta cotidiana y rutinariamente para  construir y  sostener este  techo.

Estas son algunas reflexiones a partir de mi experiencia personal sobre dos situaciones típicas vinculadas a la  tarea cotidiana de naturalizar  el techo de cristal. La primer situación tiene que ver con los ascensos y el progreso en mi vida  laboral. Las veces que  me  ofrecieron    un  puesto laboral    que mejoró mi   estatus profesional reaccioné, automáticamente, convencido de que el resultado había sido  una consecuencia exclusiva   de mi  talento y de mis  méritos. Me llevo mucho tiempo reconocer que fue producto, la mayoría  de las veces, de un pacto entre varones, que excluyó a otras mujeres por el hecho de ser mujeres y que me  incluyó a mi  por el simple hecho de ser varón.  No estoy diciendo  que esta haya sido  la única y exclusiva razón; lo que estoy  tratando de remarcar  es mi incapacidad  para visualizar y  tomar en  cuenta   las ventajas que tuve  por el simple  hecho de ser  varón.

Tengo que admitir que  en ese momento no reaccioné como reacciono hoy. Me  parece patético   participar de este  pacto de masculinidad que vengo sosteniendo   desde que tengo memoria y por el cual  yo  y muchos otros varones  venimos  avanzando acelerada e   inexorablemente en nuestros proyectos profesionales, escalón por escalón; mientras mis  colegas, compañeras y amigas mujeres, avanzan proporcionalmente más despacio, o inclusive no llegan a avanzar.  Como si la  escalera ascendente de los varones   estuviera ubicada  en una  dimensión paralela donde el tiempo y el espacio operaran  de otra manera, básicamente  regulados por   reglas  estrictamente   misóginas y  homofóbicas.

Otra conducta típica   que ayuda a sostener el techo  es la complicidad masculina para  referirnos  a nuestras  compañeras y colegas como si fueran objetos inanimados, listos para ser consumidos sexualmente. Nuestras miradas fijas   dividen sus cuerpos en partes, los  analizamos y los comentamos.  Esta práctica de acoso sexual frecuentemente puede derivar en  otras formas más directas de acoso, algunas veces   sutil (machismo gentil) y otras más evidentes, físicas  y explícitas. En la mayoría de los casos el ascenso  de las mujeres estará condicionado por la respuesta al acoso  de los varones. Y en el peor de los casos este tipo de conductas masculinas no sólo condiciona el desarrollo profesional sino también la salud de las mujeres

 Me llevó mucho tiempo  tener el valor para   de-construir esta complicidad masculina sobre la cual se construye una buena parte de las relaciones de género en el trabajo y  por fuera del ámbito laboral  también.  Pero tengo que admitir que no siempre lo logré ni lo logro aún. A veces  interpelo a mis colegas  sin que me importe ser excluido del grupo de varones en permanente ascenso, pero otras veces no tengo el suficiente valor. Todos los días es una nueva prueba.  Al igual que el techo de cristal, la masculinidad se construye o se de-construye todos los días.

En teoría  el techo de cristal es un límite invisible para el desarrollo laboral de  las mujeres y otros grupos discriminados por el sexismo y la homofobia de los varones. Sin embargo, en la práctica, el techo es   un límite que sostenemos e imponemos los varones a través de nuestras conductas misóginas cotidianas. Estas conductas son tangibles  y no son para invisibles. Otra cosa es que las ignoremos y las  neguemos.

Es necesario y urgente que empecemos a pensar y a  tener  nuevas conductas para desnaturalizar lo que  tendemos a creer que es un orden social justo y meritocrático,  cuando en realidad se trata de  un sistema de opresión, basado en nuestros patéticos pero efectivos privilegios masculinos.

9 comentarios:

Estudiante crónica dijo...

No se...si bien vivi situaciones de acoso, nunca senti que ser mujer detuviera mis ascensos, y tuve varias jefas mujeres (es verdad, no soy ingeniera ni medica ni abogada, nunca tuve un trabajo "tradicional": trabaje en la tele y en una multinacional de internet, ahora soy estudiante de doctorado).

Tambien creo que las mujeres no estan en una situacion de falta de poder absoluta, que muchas veces un "me parece que no da, Toni, que hagas ese comentario, porque sos mi jefe/ companhero de trabajo y me haces sentir incomoda" puede frenar la situacion de acoso, y resinstalar una posicion de igualdad/ respeto.

tambien, como dije, hay cada vez mas mujeres en situacion de autoridad. una vez, en una reunion con mi jefa y otro productor, el pibe se distrajo con una revista con culos en la tapa que estaba sobre el escritorio. me jefa 9que me caia muy bien, le dijo: "XX, si la revista te distrae la sacamos, eh?"

Reconozco que hablo desde una situacion privilegiada, que no es lo mismo una productora de tele o una multinacional con trabajo en blanco que ser obrera textil en negro/ empleada domestica/ cajera de supermercado.

otra cosa, vieron esta publicidad
http://www.youtube.com/watch?v=86dPyGQFMnU
?

hacerse mujer es parir, hacerse hombre es convertirse en prostituyente: que lindo!

Miguel Pulido dijo...

Por ahí también tenemos un paquete de ladrillos en la supuesta solidaridad progre de muchos machines con nuestras compañeras. Y es que uno finge que entiende que hay mucho de desigual y de injusto. Y cuál, puro pedo, si no tenemos el más mínimo reconocimiento de que hasta en andar sueltes en la calle con menos miedo (por acá sólo se anda con menos, no sin miedo)es un privilegio. Decir que entendemos más de lo que realmente somos capaces, aporta un chingo de ladrillos.

Miguel Pulido dijo...

Por cierto... ya no sé bien con qué grado de criticismo debo entrar a mis procesos de avance laboral.

m.

punchou dijo...

Miguel, cuando te ofrezcqan la proxima vez un asenso o una oportunidad laboral valiosa, preguntate a vos primero que mujeres objetivamente estan en condiciones de ocupar ese puesto que te ofrecen, mira a la cara a tu interlocutor que seguramente va a ser un varon y preguntale: ¿pensaste en fulanita para este puesto? ¿se lo ofreciste a ella? ¿por que te parecio que fulanita no era la persona adecuada si tiene las mismas credenciales que yo? Y asi.
Dejate sorprender con las respuestas y con tus propias reflexiones. besos

punchou dijo...

Estudiante cronica, por lo que contas, no ves el techo de cristal porque estás estampada contra el. :)

punchou dijo...

Ademas, si sos obrera textil en negro/ empleada domestica/ cajera de supermercado, tu problema ya no es el techo de cristal sino la esclavitud.

Estudiante crónica dijo...

punchou: como estudiante graduada y futura phd (con suerte!) me retire de la carrera por los ascensos.
pero la cofradia masculina que describia Chris ( y ojo, seguramente es asi entre abogados) no me sonaba a los ambientes de trabajo en los que me movi desde los 20 anhos, donde las mujeres ascendiamos, ocupabamos posiciones de autoridad, y ser hombre no parecia dar beneficios en ese sentido.

Mujer Rebelada dijo...

Entonces estudiante crónica aquí no solo se trata de un tema de género sino de privilegios de clase. Si pudieras salir de tu realidad y observar la realidad colectiva no desde tu individualidad sino desde el colectivo de mujeres entonces, quizás...sólo quizás... pudieras ver que para las mujeres no es fácil poner un limite sobre el avance de los varones, varones que se creen que tiene derecho a mírate el culo y decírtelo, a mirarte las tetas y decírtelo y apoyarte en el subte en el colectivo. Muchas mujeres que pasan por estas situaciones tan cotidianas siempre o por lo general eligen el silencio porque sino serian tratadas como locas. Te cuento una anécdota: tengo una amiga que es bióloga y delegada gremial de base un día viajaba en un colectivo y un tipo que estaba a su lado le miraba las tetas insistentemente, ella se levanto y le encajo una piña entre medio de los ojos. Sabes que pasó? La bajaron del colectivo. Nadie salio en su defensa, nadie señalo al cerdo que le miraba las tetas, ella la loca termino de a pie. Eso si eufórica y empoderada! :)

Marians dijo...

Legítima Defensa !