domingo, 7 de junio de 2009

DOS MENTIRAS MISOGINAS PARA LEGITIMAR LA PROSTITUCION Y A NOSOTROS (LOS PROSTITUYENTES)

Ya lo sabemos: no habría prostitución si no existiera  la demanda masculina.  Sin embargo, los prostituyentes siguen manteniéndose  invisibles e impunes. 

En mis conversaciones con otros varones sobre la prostitución, no dejo de escuchar  como se  repiten un par de mentiras misóginas que los varones usamos  recurrentemente  para reforzar la idea de que la prostitución no es una forma de violencia masculina contra las mujeres. Estas mentiras cumplen una función clave  para que  los varones como grupo  podamos seguir explotando sexualmente a las mujeres y hacerlo  impunemente .

La primera de las mentiras sostiene que existen dos  tipos de prostitución: una forzada (mala) y otra    elegida  libremente (buena). La segunda mentira complementa estadísticamente la primera y sugiere que  la "mayoría" de las mujeres que se prostituyen lo hacen libremente. 

 Los varones tendemos a  combinar  las dos mentiras para poder redefinir la prostitución  así: las mujeres son trabajadoras sexuales, los prostituyentes clientes, y la relación entre ambos es tan libre como comercial, o sea: sería una actividad regulada por la libertad de mercado a través de la cual dos personas se ponen de acuerdo libre y autónomamente para que una de las partes (la trabajadora sexual) le venda o  ceda el uso de su cuerpo a la otra  (el prostituyente) por un tiempo determinado.  El cuerpo de la mujer es la mercancía y el varón es el propietario del  dinero.

Así  los varones logramos  clausurar cualquier tipo discusión sobre la prostitución y  legitimar el papel central que jugamos  como   prostituyentes en la reproducción de la  violencia masculina contra las mujeres.

Las dos mentiras son sorprendentes. Para creérselas hay que ser muy cínico, muy negador o muy prostituyente.  

Empecemos por desmentir las estadísticas. Todos los estudios de investigación* sobre la prostitución en diferentes países demuestran que la mayoría de las mujeres, niños y niñas son obligados a prostituirse. Mientras  que existe una elite muy marginal   de mujeres  que supuestamente eligieron    entrar a la prostitución. Este fenómeno se puede explicar  como una escala de coerción** o terrorismo sexual de los varones contra las mujeres, niños y niñas:

A diferencia de lo que  pensamos  los varones, en la vida real la prostitución se organiza y opera al revés: la mayoría de las mujeres que son víctimas de la explotación sexual son  esclavizadas por  proxenetas o son obligadas por factores de coerción  social como la pobreza, el racismo, y el sexismo,  los cuales   operan generalmente de manera simultánea y entrecruzada en las  sociedades patriarcales. 

 En este contexto social de opresión y coerción masculina  explícita, es obvio que si las mujeres eligieran libremente  entrar a la prostitución (como tanto nos gusta   fantasear a los varones), entonces no deberían ser  las mujeres con menos opciones las que más  desproporcionadamente son explotadas sexualmente.  O sea, varones: la mayoría de las  mujeres entran y permanecen en  la prostitución para sobrevivir y porque no son elegibles  para  ninguna cobertura social del estado que les permita  salir de  la prostitución.

En este mismo contexto, según los datos empíricos**, un 90% de las mujeres explotadas sexualmente busca  dejar la prostitución pero no puede. Entonces, a ver varones: si estas mujeres están en la prostitución porque no pueden dejarla, es obvio no están ahí porque quieren. 

En realidad, hay muchos argumentos y más datos  para cuestionar y contestar  estas mentiras misóginas. Pero lo esencial es  avanzar en el cuestionamiento  a fondo de nuestra masculinidad para tomar una  perspectiva radicalmente distinta: simplemente no es aceptable  sostener la idea de que las mujeres eligen libremente la  prostitución sin tomar en cuenta los factores  sociales   de  una sociedad misógina que habilita  a los varones a reclamar   el derecho de abusar sexualmente de los  cuerpos de mujeres, niños y niñas. 

Si nosotros, como varones, dejáramos  de  negar la fundamental desigualdad de poder sobre la cual se construyen las  relaciones de género, empezaríamos a  entender y a experimentar  la prostitución como una forma sexual de explotación; como una incuestionable práctica  de terrorismo sexual. 


* Ver:  www.prostitutionresearch.com

** Adaptado de: www.prostitutionresearch.com/faq/000211.html

***Ann Cotton, Melissa Farley, Jacqueline Lynne, et al, “Prostitution and Trafficking in Nine Countries: An Update on Violence and Posttraumatic Stress Disorder” (2003) 2(3/4) Journal of Trauma Practice 33 at 35, online: Prostitution Research and Education http://www.prostitutionresearch.com/pdf/Prostitutionin9Countries.pdf

8 comentarios:

Sonia Sanchez dijo...

para mi no hay mentiras,existen complicidades entre torturadores,
intercambios de cuerpos femeninos entre torturadores,y una competencia oculta entre torturadores: dos preguntas muy repetidas en el mundo de la puta:
recien llegaste?, cuanto sin forro?

Marians dijo...

Leyendo esto me acordaba también el abordaje que algunxs utilizan (o utilizábamos) desde el derecho (constitucional, principalmente), para rechazar los intentos de criminalización de la prostitución.

Recuerdo que buena parte de esas argumentaciones estaba basada en el artículo 19 de la CN -autonomía personal-. En términos bien simplistas, la defensa era/es: "la prostitución es una acción privada, porque no tiene impacto en terceros y, por eso, no puede ser perseguida, criminalizada, etc. por el Estado".

Pero ese artículo 19 siempre fue -desde la democracia liberal- el bastión clásico de la libre posibilidad de las personas de construir nuestras vidas como querramos, sin afectar los derechos del resto. Nuestro derecho a construir nuestra "identidad" libremente.

Entonces, si bien parecía legalmente útil, esa estrategia tiene el efecto peformativo de mostrar a la prostitución como algo libremente escogido, algo que puede formar parte del plan de vida que una persona construye "autónomamente", parte de su propia "identidad", etc.

Y acá, el derecho, también parece apoyarse en algunas de esas mentiras/maquillajes que se mencionan, reforzándolos, ¿no?

Con el efecto de dejar a las mujeres en la calle, supuestamente sin el Estado persiguiendo, pero en la calle al fin...

Besos,

M.

antisadomaso dijo...

Inquietud: si bien me parece increíble como sintetizás de bien toda la problemática y no puedo dejar de coincidir 100% con vos, Marians, acerca del pensamiento masculino que a todOs los varones nos inoculan sobre la prostitución y las "putas", mi gran incógnita es: ¿Porqué no dejo de encontrarme con argumentos de mujeres que van en la misma dirección, distinguiendo la trata y la prostitución forzada por un lado, y por el otro la libre elección del "trabajo sexual consentido"?
Es más, a veces esos planteos incluso vienen de mujeres feministas, de mujeres trans, de lesbianas y de lesbianas feministas, entonces....¿el género y la orientación sexual que rol juegan realmente en esto?
¿qué nos dice el hecho de que un hombre heterosexual o bisexual pueda cuestionar la prostitución y exigir su abolición, mientras una lesbiana feminista sostiene que la pornografía y la prostitución pueden ser "consentidas" y hasta aceptables entre mujeres, incluso?

Chris dijo...

Antisadomaso,
Mi fijación con los varones se debe a su rol de prostituyentes, motor de la demanda y principal causa de la violencia sexual. Pero la mujeres también sostienen la prostitución, no cabe duda, incluso las mujeres feministas sostienen la prostitución, las feministas lesvianas y las trans también.
Y es que el tema está cruzado por muchas variables de opresión: raza y clase principalmente. Por eso se trata del gran punto ciego del feminismo, o al menos de una parte del feminismo que sostiene el discurso y los proyectos contra la "Trata".
Si algunas feministas ven en una prostituta parada en la plaza flores a una mujer con autonomía que elige libremente ser explotada sexualmente es porque no quieren ver a una mujer pobre indígena o una mujer pobre negra o una mujer pobre inmigrante que, como dice Sonia Sanchez, está "tratada" por el hambre, por la violencia y la falta de trabajo. O sea, se trata de una combinación antifeminista de racismo, clasismo y xenofobia.
Por último, hay demasiado financiamiento local e internacional inyectado en proyectos contra la trata y esto también es un factor central que sostiene el discurso y la práctica de los proyecto contra la trata focalizados exclusivamente en las mujeres menores de 18 años.
abrazos
chris

catalina dijo...

Me parece muy interesante lo planteado.

Quiero agregar una variable que, creo, debiera contemplarse, y que es la condición de "puta" que cualquier mujer posee en el imaginario masculino, en general -y también en varios imaginarios femeninos-

Dice la sabiduría popular que, para las hombres, son todas putas excepto la madre y la hermana. Cuestiòn desmentida por dos de nuestros insultos preferidos como argentin@s: "hijo de puta" y "la puta madre que te parió". Nominaciones agresivas que ambos géneros usamos y que, sin quererlo, se nos caen de la boca.
Con lo cual queda en claro que parece ser el discurso del tango, por ejemplo, el que se encarga de separarnos entre "putas" y "buenas chicas".

El resto del discurso que nos habita, nos unifica.

Entonces, "puta" es una de las maneras de nombrar a una mujer. Madre incluida.

También por nosotras mismas, que, aún como madres, nos permitimos sentirnos y creernos afuera de ese discurso.

Estoy de acuerdo en que los varones deben trabajar mucho con sus propias complicidades frente al discurso hegemónico y patriarcal.

Pero nosotras también debemos hacerlo. Ambos géneros somos víctimas de esa estructura de lenguaje que nos habita.

Los hombres, porque abusan de la comodidad de lo que les está "permitido". Las mujeres, porque abusamos de la "victimización" que nos está permitida/ordenada.

En tanto no podamos ponernos en la piel de una "puta" tomando nuestras propias experiencias de habernos prostituido de diversas formas e infinidad de veces para lograr la aceptación del OTRO masculino de la cultura, seguiremos siendo cómplices mudas o no tan mudas de la explotación vil e institucionalizada a la que arrojamos a las "otras".

Es hora de ponernos a pensar que, entonces, somos las OTRAS que, creyendo en la ingenuidad de la "autonomía", somos sólo la duplicación del OTRO masculino.

Este tema da para muchísimo más porque está atravesado de infinitas variables. Así que esta reflexión es sólo un aporte.

Admiro la puesta en juego que hacen, poniendo en juego la palabra y el cuerpo. Y no sólo el cuerpo real de la tortura y el maltrato, ni sólo el cuerpo imaginario de las diferencias sexuales que habilita la desigualdad, sino también el cuerpo simbólico, donde lo que impera es el derecho, el sujeto que habla desde su experiencia particular en pos de una equidad (de género) y de un reconocimiento como sujeto de ciudadanía.

Daishiman dijo...

Explicado, pero estoy en desacuerdo. Por un lado, en los paises donde la prostitución es una profesión regulada y protegida se observa que el fenómeno es mucho más complejo de lo que percibe este sitio, habiendo una clara categorización (con una proporción muy distinta a la que dice ese sitio) entre trabajo consensuado y explotación.

Por otro lado, Suecia es un pésimo ejemplo de la aplicación de la ley abolicionaste porque el nivel de prostitución en el país es ínfimo en relación a otras naciones mucho más grandes, y la reducción del uso de servicios sexuales era un trend estadístico que venia existiendo previo a la aplicación de esa ley.

En Noruega, donde se aplicó también, no se observa ningún cambio sustancial en hábitos de uso de servicios sexuales, y en ambos lugares hay una dificultad enorme para tomar métricas de servicios solicitados por internet.

Además, teniendo conocidas que han trabajado en ese rubro, si bien seguramente son casos minoritarios, su decisión de trabajar en el mismo es racional (estoy hablando de escorts, que considero distinto de otras situaciones sin embargo entra dentro del scope de estas leyes y me parece injusto); entregar el culo a lo sumo una hora por dia es, muy racionalmente, preferible a estar 9 horas por dia trabajando como oficinista por la mitad del sueldo (que si fuera por los malos argumentos de ese sitio, pareceria que ser secretaria también es una condición de explotación patriarcal. Ridículo).

Finalmente, está el mismo problema de las actitudes abolicionistas del consumo de las drogas; que haya un grueso del consumo que pueda ser injusto o insalubre socialmente, no implica que no hayan casos donde hay consenso y conocimiento pleno de la situación. De la misma forma en que creo que la gente tiene derecho a insertar la sustancia que se le plazca en su cuerpo mientras no joda a nadie, no veo por qué la prostitucion consencuada entre dos personas saludables deberia ser ilegal solo por vinculos extremadamente tangenciales al tráfico de personas.

Finalmente, la verdad de la milanesa es que la legalidad de la actividad sexual tiene *muy* poco que ver con la condición de legalidad de la misma. Los males de la prostitución están centrados principalmente con los problemas de las mafias de tráfico de personas y la ausencia de recursos de apoyo social, no con el acto sexual en sí. El tráfico de personas es un negocio del cual la explotación sexual es una proporción chica (aprox. 10% del trafico de personas es de índole sexual), por lo que me parece que todo el eje feministra/patriarcal/etc es simplemente una reducción al absurdo de un problema principalmente político y económico, que requiere muchos más recursos para manejar de lo que se asume como ser "méramente" (no lo digo para reducir su importancia ética, sino para aclarar de que la magnitud supera ampliamente el eje propuesto) de derechos de género.

Chris dijo...

Hola Daishman,
Empiezo por el final. El análisis feminista sobre la prostitución y otros fenómemos sociales es eminentemente político y económico. Creo que simplificas el analisis feminista. Y no se a qué derechos "de género" te referís, porque se trata básicamanete de derechos humanos.
Segundo punto, si te fijás bien en mi post en ningún momento hablo de legalizar o penalizar la prostitución, por lo tanto no sugiero ningún modelo normativo en particular, ni el sueco ni el españo ni ninguno, básicamente interpelo a los varones como consumidores de prostitución, cosa que vos negas en todos tus comentatios centrándote en si las mujeres tienen derecho o no a entregar el culo por una hora (sic). Y desde mi punto de vista interpelo a los varones porque cuetiono cualquier tipo de masculinidad que invisibilice el hecho de que ceder a la exclusión y a la discriminación no es consentir.
Demás hablas de dinamarca y noruega cuando yo no hice ningún analisis comparado, pero de paso te digo que en tu análisis comparado te faltó una pizca de etnografía para darte cuenta que en europa y sobre to en lso países nordicos la mayoría de las lujeres que se prostituyen son inmigrantes africanas o latinas. No te dice nada este detalle? Donde está las noruegas y las suecas? Es obvio qe para las suenas y noruegas la prostitución no es mejor que una carrera universitaria o un trabajo formal en onde el cuerlo no sea el objeto a transaccionar. LA prostirución se apoya en la desigualdad entre los género pero tambien entre países, las razas, las clases y las etnias.
Finalmente, pienso que tus argumentos son un excelente ejemplo de lo que yo critico en mi post. Porque yo en ningún momento propuse una política punitiva contra las mujeres que se prostituyen ni siquiera contra los fiolos y proxenetas. Interpelo a los varones visibilizando la mentira que usan cuando se imaginan a la prostitución como un negocio libre, en cualquier contexto social: en plaza constitución, Flores, Plaza 11, Internet, o recoleta. Tal vez haya algunas relaciones comerciales libres entre varones y mujeres o trans prostituidas, pero en este mundo tal cual lo conocemos hoy: hetropatricarcal y capitalista la prostitución como forma de opresión y tortura es un fenómeno estructural. Y vos en tus argumentos proponés lo contrario, sugerís que el feminismo simplifica y exagera las estadísticas y que en realidad la prostitución tiene más de salida laboral que de opresión y terrorismo sexual. Y en esto no nos vamos a poner de acuerdo nunca.

Cliente X dijo...

Es decir, que ni hay que diferenciar entre prostitución y esclavitud sexual (en realidad, ambos términos serían sinónimos) ni creerse que la mayoría de las mujeres se prostituyen por iniciativa propia.

Esto queda genial en un blog, pero sal a la calle a ver qué encuentras.