sábado, 3 de agosto de 2013

LA FANTASÍA MASCULINA DE LA PUTA QUE NO QUISO SER MUCAMA.


El hetero-patriarcado empuja a millones de mujeres, lesbianas, travestis  y transexuales   pobres, negras, mestizas  y migrantes a un nefasto y  peligroso rincón social: el trabajo  doméstico y la prostitución. En 2013 el Kirchnerismo avanzó legislativamente sobre los dos temas. No es cualquier  problema social,  son dos cuestiones  centrales del  régimen heterosexual y de  la violencia masculina.
El trabajo doméstico y la prostitución  están íntimamente conectados, sobre todo en la fantasía masculina. Recuerdo  perfectamente estar participando hace unos años en el  taller de Sonia Sánchez “Ninguna Mujer Nace para Puta”  (http://cualestuputaesquina.blogspot.com.ar/) en la Defensoría del Pueblo de la Nación. Cuando un funcionario de unos  40 años increpó a los gritos a Sonia Sánchez acusándola de  mentirosa, de fabuladora. El razonamiento era así de directo: el funcionario estatal  argumentaba que él estaba buscando mucama hace más de 15 días  pero  no encontraba. Y si no encontraba una mucama era porque las putas no querían ser mucamas, o sea: no querían dejar de ser  putas.

Está claro que para muchos varones  la fantasía heterosexual  ideal es poder tener en un cuartito del fondo a una mujer joven (muy joven) para explotar sexual y laboralmente.  No es  otra cosa que la fantasía del fiolo. Pero la prostitución y el trabajo domésticos son fenómenos sociales diferentes, aunque compartan la misma causa. Y por eso el debate parlamentario no es el mismo.

Se calcula que en Argentina el 80% del trabajo doméstico es informal. O sea, nada de vacaciones, aguinaldo, pago por enfermedad, descanso, jornada limitada de trabajo, indemnización por despido,  poder de reclamo frente al acoso sexual, etc. La nueva ley del 13 de marzo de 2013 que regula el régimen del trabajo doméstico aborda  todos estos problemas. Y lo hace al estilo kirchnerista, porque si algo quedó bien demostrado en la década ganada es que el Kirchnerismo sabe como crear y regular el trabajo. Si no, tomate unos minutos y estudiá  en detalle la ley  26.844 (http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=210489). Sobre todo si sos de clase media y contratás a alquien para que haga el trabajo doméstico de tu casa. Porque si no lo  declarás, la AFIP lo va a presumir, de acuerdo a la Resolución 3492 que se establece  un régimen de “indicadores mínimos de trabajadores”, algo así como detector de explotación laboral.
Por otro lado, el debate parlamentario sobre la prostitución es más complejo, porque hay posturas diversas que tensionan el debate entre la prostitución como  trabajo sexual y la prostitución como una forma de explotación y violencia  sexual. Yo tengo mi opinión y la resumo así:  en un  régimen social  hetero-patriarcal la prostitución se manifiesta  casi siempre y estructuralmente  como una forma de violencia misógina y transfóbica. Pero para comprender  mejor el problema y no mandar fruta hay que escuchar con atención a las mujeres, travestis y transexuales con voz propia y activismo político: (http://es.scribd.com/doc/133226687/PROSTITUCION-TRABAJO-SEXUAL-LAS-PROTAGONISTAS-HABLAN-Berkins-Korol).
En este momento se están debatiendo en el Congreso Nacional dos proyectos de ley que ratifican  la postura abolicionista del estado argentino, uno de Aníbal Fernández que penaliza el consumo de prostitución sólo en casos de trata; y otro proyecto de Marcela Rodríguez que también penaliza al prostituyente  pero no distingue entre una víctima de trata o no. En síntesis, estoy de acuerdo con el enfoque de M. Rodríguez pero, en cualquiera de los casos, para detener al varón prostituyente  es necesario que intervenga la policía. Es ahí donde está la trampa, en el pacto de semen y corrupción  entre  prostituyentes y policías. Pero en cualquier caso el debate que se está desarrollando   y la ley que salga  sancionada tendrán  un poder y eficacia simbólica  central para enfrentar la violencia prostituyente. Por primera vez el debate público  desnaturaliza la prostitución y   visibiliza al varón prostituyente como un transgresor,  como un explotador, como un violento.  No es poco, si pensamos el lugar que ocupaba con total impunidad  el varón prostituyente hasta ahora en el  orden simbólico del régimen heterosexual.

 

 La  década ganada no es sólo más y mejor redistribución económica, también implica el reconocimiento de las diversas formas de explotación sexual y laboral que sufren muchas  mujeres,  lesbianas,  travestis y transexuales.  Y también implica, sobre todo,  denunciar las fantasías masculinas  heterosexuales que son  peligrosas y   socialmente inaceptables. Como la tan común y extendida  fantasía del fiolo.

 

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